Tiempo de lectura: 3 mins

Lo esencial de las cosas

Escrito por: Belén Arcones

Publicado: 10 diciembre 2009

esencial2Quiero contaros una historia que he leído en versiones distintas, en contextos diferentes y de distinta manera. Una de estas versiones la ha tratado Catherine Rambert, en “Pequeña filosofía matinal”:
En un seminario en Estados Unidos, en la famosa Universidad de Harvard, contrataron a un anciano profesor de filosofía para que diera una conferencia ante los más altos dignatarios del planeta.
El tema era el tiempo.
Estos hombres y mujeres, responsables del destino del mundo, estaban muy ocupados y el profesor sólo disponía de una hora para dispensar sus enseñanzas. Su actitud tranquila contrastaba con el estrés de su auditorio.
Sin pronunciar palabra, se inclinó y tomó un gran tarro de cristal transparente que había debajo de la mesa y lo colocó con precaución delante de él. Sus gestos eran lentos y tranquilos. Luego sacó, también de debajo de la mesa, una docena de piedras del tamaño de una naranja y las metió una tras otra en el frasco. Cuando lo llenó y fue imposible añadir una sola piedra, alzó suavemente los ojos hacia el auditorio y preguntó:
-¿El tarro está lleno?

Todos contestaron: que sí

Disfrutó de su efecto y continuó:
– ¿Eso creéis?

Se inclinó de nuevo y tomó de debajo del pupitre un saco de guijarros. Lentamente, los echó encima de las piedras. Luego sacudió ligeramente el recipiente. La gravilla se filtró entre las piedras… hasta el fondo.

El profesor miró a su auditorio y preguntó:
– ¿Ahora está lleno?

El público, perplejo, dudaba qué contestar cuando alguien exclamó:
– ¡Probablemente no!
– Bien – opinó el sabio.

Con infinitas precauciones, sacó de debajo de la mesa un cubo de arena y vertió su contenido sobre las piedras. La arena se filtró entre las piedras y la gravilla.

Preguntó de nuevo:
– ¿El tarro está lleno?
– ¡No! – exclamaron los espectadores.

Y como todos esperaban, sacó una jarra de agua y llenó con ella completamente el recipiente.
– Bueno, me parece que ahora sí está lleno.
Y el público le dio la razón.

– ¿Qué gran verdad nos enseña este experimento? – preguntó el sabio a su auditorio.

Pensando en el tema del curso, la gestión del tiempo, uno de los dirigentes se atrevió a contestar:
– Nos ha querido demostrar que el tiempo se puede comprimir y que, aunque la agenda esté sobrecargada, es posible añadir más citas.

El maestro sonrió.
– No. La gran verdad que nos enseña este experimento es que si no hubiera empezado por las piedras más grandes, no habría podido meter todo. Tenéis que plantearos una pregunta. ¿Cuáles son las piedras más grandes de vuestra vida? ¿Cuáles son vuestras prioridades absolutas? Es decir, ¿qué es lo esencial de vuestra existencia? ¿La familia? ¿La salud? ¿Los amigos? ¿Hacer realidad un sueño? ¿Defender una causa? ¿Aprender? ¿Perder el tiempo? ¿Ser felices?

La lección que aprendemos de este experimento es que siempre hay que dar prioridad a lo ESENCIAL y meterlo en la cesta primero, porque, si no, podemos perdernos algo importante de nuestra existencia.

Si damos prioridad a las menudencias (la grava, la arena), nuestra vida no irá a lo ESENCIAL.

Cuídense y sean felices.

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