Dedica a mi fugaz amigo Jaap
Este post es una reflexión que creo que deberíamos hacer todos antes de superar los límites de la ética como profesionales. Y todo esto surge tras una breve conversación en el Foro de Posgrado – al que acudimos ya hace unos días – con un joven profesional del sector que me habló de su crisis de valores. Y ésta giraba en torno a esta pregunta ¿es la gestión de la reputación Online una labor que en muchas compañías puede llegar a rozar la corrupción del profesional?
Esta persona a la que le dedico mi reflexión, llevaba ya un tiempo trabajando en una compañía donde creaban un alto volumen de blogs, con opiniones positivas sobre determinada marca que no voy a mencionar, la cual pretendía ocultar en la red: estafas, deudas que atentan contra familias enteras y un sinfín de desaguisados que han sufrido terceros por una horrible gestión empresarial.
Claro está que como profesionales que somos hemos de atender las necesidades de las organizaciones y prestar un servicio ad hoc para todas ellas; aunque tenemos que tener en cuenta que estamos “tapando la basura” de organizaciones que son dañinas recurrentemente contra la sociedad. Llamadme romántico pero yo no lo haría y doy gracias de no verme en esa tesitura.
Recordemos que la MARCA es aquello que los anunciantes “quieren vender”, pero la REPUTACIÓN es “aquello por lo que se les va a comprar”. Así que mantener una buena reputación es algo crucial para este tipo de organizaciones y probablemente quien “coja este tipo de cuenta” tenga un reto por delante que satisfaga enormemente al profesional que lleva dentro. Y no lo estoy escribiendo con todo irónico, pues lo digo de verdad; pero como consumidores que somos, ¿nos interesa de verdad que esas compañías escondan esos resultados de búsqueda en Google, donde se cuentan los resultados catastróficos y lamentables que tanto daño han hecho?
Me encantaría tener algún comentario y que juntos reflexionemos: ¿dónde está el límite?
