Aunque las condiciones fueran propicias, ¿sabríamos conciliar en España?
No en esta generación. Dentro de 10 años quizás, pero hoy no estamos preparados mentalmente para que nuestra vida no sea el trabajo.
No tenemos una cultura de conciliación laboral
Salvo raras excepciones de compañías innovadoras y arriesgadas, en España no hay cultura de conciliación, ni desde las compañías ni desde las personas. Si mañana hubiera un cambio legislativo que permitiera trabajar de 8:00 a 15:00, buena parte de los trabajadores y directivos seguiría quedándose a “echar horas” en el trabajo. Aunque puede parecer un comportamiento absurdo fuera de nuestra fronteras, en nuestro país el presentismo sigue siendo un criterio de valoración de empleados, aunque no siempre se reconozca de forma oficial.
Spain is different
Todos conocemos ejemplos de departamentos con objetivos difusos, en los que más que premiar los resultados, lo que prima es el número de horas en el puesto. Teniendo esto en cuenta, pocas personas se arriesgarían a poner en riesgo su trabajo y su salario, aún estando descontentas con la falta de conciliación laboral y sufriendo los efectos nocivos del presentismo en su salud. Lamentablemente, la salud no vale tanto ni mental ni físicamente… Es España.
Imaginemos por un momento: ¿qué ocurriría si termináramos nuestras tareas diarias en la mitad de tiempo? Probablemente sería acogido con sospechas, no como evidencia de eficiencia y productividad, como es visto en países como Inglaterra y Alemania, donde si terminas tus tareas y cumples tus objetivos, te vas a casa, sea la hora que sea.
¿Qué crees que pasaría en tu empresa si un empleado hiciera esto, irse a casa antes de su hora, habiendo cumplido su labor? Lo primero que pensamos todos es que sería muy mal visto, ya no sólo por nuestros superiores, sino por nuestros propios compañeros. La presión social es tan fuerte, que condiciona nuestro comportamiento incluso a costa de pasar menos con la familia, disfrutar con nuestras amistades o dedicar tiempo a nuestros aficiones.
Ni tampoco una cultura del confort
Esto es lo que nos diferencia de Europa y condiciona el alcance las políticas de conciliación laboral: no existe una conciencia social y gubernamental de las necesidades del ser humano de ocio, vida familiar, autor-realización personal y confort.
Esta cultura del confort llega tarde a nuestro país y forma parte del condicionamiento social de postguerra. Aunque parezca mentira, los psicólogos así lo determinan: tenemos problemas para enfocarnos en la individualidad y el necesario egoísmo de cuidarnos más a nosotros y los nuestros. Todavía vemos como «pecado» descansar, tomarnos unos minutos para no hacer nada. La imprimación del trabajo para sobrevivir en nuestros subconscientes nos juega la mala pasada de cegarnos en cuanto a nuestras necesidades reales.
Por ello, no esta solo en manos del estado o de las empresas que salgamos antes de trabajar: el cambio debe empezar por las personas. Sólo así podremos alcanzar la deseada conciliación laboral.

