En Grupo IMF estamos convencidos de que el valor más importante para cualquier empresa es su capital humano, y es por este motivo que queremos brindaros la oportunidad de conocer de cerca a nuestro equipo. Somos muchos los profesionales que cada día ponemos todo nuestro empeño en ofrecer lo mejor de nosotros mismos para hacer de esta empresa no solo un referente en formación, sino, por encima de todo, un lugar donde nuestros alumnos encuentren confianza, cercanía y calidad. Si quieres poner cara a esa persona que a diario te coge el teléfono, atiende tus peticiones, trabaja codo con codo contigo y trata de ayudarte, este es el sitio.
Cercana, enérgica y optimista; muy creativa e imaginativa y, ante todo, escritora, hoy os presentamos a nuestra compañera Victoria Vázquez, última adquisición del Departamento de Contenidos. ¡Bienvenida al equipo!
SOBRE MÍ…
Me definiría a mí misma como… una persona optimista, tenaz, intuitiva y emprendedora.
Los que me conocen me definirían como… ¡Puf!, no creo que haya una única etiqueta, según a quién le preguntes puedo ser “la princesa del guisante”, “la niña índigo”, “la emperatriz vizkiránida”… o simplemente una “bicheja”.
Un punto fuerte en mi carácter… la voluntad. Soy de las que cuando se proponen algo lo consiguen, y para ello peleo y lucho como un gato panza arriba. Aunque también es verdad que me propongo cosas un tanto extrañas…
Un punto débil… mis gatetes. Soy muy blandengue, en cuanto alguien me pone cara de pena me ablando cual tarugo de mantequilla al sol. Por supuesto, ellos lo han aprendido bien, me ponen ojitos y no puedo evitar mimarles. Y claro, los tengo siempre pegados a las faldas haciendo zalamerías.
¿Qué me identifica? Mi sonrisa.
Un punto de inflexión en mi vida: aunque suene triste, la muerte de mi abuelo Eliseo, con el que tenía una relación muy especial. Fue un hombre que tuvo una vida algo difícil y además era un escritor frustrado, y sin embargo, aunque tenía muchas cosas en su contra para ser feliz, nunca perdió su sonrisa ni su sentido del humor. Además, siempre creyó en mi talento con las letras y en ningún momento dejó de animarme a escribir. Por eso mi primer libro está dedicado a él. Su ejemplo me enseñó que lo peor que puedes hacer es no intentarlo, porque puede llegar un día en que sea demasiado tarde, y te arrepentirás de no haberte atrevido a dar el paso.
En mi tiempo libre… ¿Tiempo libre? ¿Qué es eso…? No, a ver, en serio, en mi tiempo libre… escribo, me echo largas partidas al Guitar Hero en las que berreo inclementemente canciones de rock y heavy, participo en eventos medievales, diseño vestuario, pinto miniaturas, por supuesto leo, disparo a zombis, dibujo… y maquino nuevos proyectos.
Un aspecto de mí que pueda sorprenderos… ¿Aparte de lo de disparar a zombis? Bueeeno. También me gusta montar muebles del Ikea.
Cuando puedo, me gusta escaparme a… Santander, es mi tierruca y llevo el mar metido en el alma. Tras un fin de semana con mi familia, contemplando el mar y respirando el aire de la montaña llego siempre con las pilas recargadas y llena de nuevos proyectos e ilusiones.
Una película, una canción, un libro: ¿Solo uno de cada? Hombre, libro el mío, White Creek Manor, porque desde luego forma parte de mí más que ningún otro. Canciones cualquiera de rock o heavy clásico o bien de folk; Don´t fear the Reaper, de los Blue Öyster Cult, por ejemplo, me encanta, aunque soy de las que le va poniendo banda sonora a la vida. Vamos, que haga lo que haga, lo hago siempre escuchando música. Películas hay muchas que forman parte de mi infancia y que me siguen fascinando: Excalibur, Cristal Oscuro, Dentro del Laberinto, Willow, Lady Halcón, Los Goonies… y por supuesto cualquier clásico de los de antes.
A menudo damos demasiada importancia a lo que no la tiene y no apreciamos lo que realmente es importante. ¿Qué es lo más importante para mí? Mi gente, entre los que incluyo tanto a mi familia cercana como a mis “adoptados”, que son amigos, exalumnos de mis talleres y compañeros de trabajo o editorial que me han demostrado una gran valía personal. La vida no vale mucho si no tienes con quién compartirla…
¿Una filosofía de vida? En realidad tengo dos: la primera es “Nunca dejes de soñar… y de luchar por conseguir tus sueños” (creedme, se pueden conseguir) y la segunda es que si algo no tiene solución no vale la pena preocuparse, y si la tiene… entonces no tiene sentido preocuparse.
¿Un proyecto de futuro? En realidad tengo unos cuantos en marcha, pero como dicen en La Historia Interminable, eso es otra historia que deberá ser contada en otro momento…
SOBRE MI TRABAJO…
¿Cuál es mi trabajo en IMF? Soy correctora y editora de contenidos.
¿Mi profesión es vocacional o circunstancial? Todo lo que tenga que ver con el mundo editorial, la comunicación o la creatividad es para mí puramente vocacional.
Una máxima/consejo determinante en mi trayectoria: ningún trabajo es tedioso, lo rutinario en realidad es la forma en que lo enfocamos, así que hay que procurar ser un poquito creativo cada día. Nuestro cerebro nos lo agradecerá.
Lo que más valoro de mi trabajo es… los compañeros. He tenido la suerte de encontrar un grupo humano con el que da gusto trabajar y de los que aprendo un montón de cosas cada día.
Mi mayor motivación es… aportar mi granito de arena para que los cursos que creamos tengan la mayor calidad posible y poder facilitarles así a nuestros alumnos la mejor experiencia de aprendizaje.
Para cualquier profesional que quiera encontrar trabajo hoy en día es fundamental… no abandonar y crear una estrategia eficaz. En tiempos de crisis los que logran salir adelante son aquellos que mantienen altos niveles de energía, que lo intentan y luchan por abrirse paso y crean una estrategia eficaz, enfocada hacia una meta clara, mostrando su valía a sus posibles contratadores.
Una situación cómica o divertida en mi carrera… pues… la verdad es que las cosas más graciosas que me han ocurrido en el trabajo han sido en la tienda de mis padres. Se trataba de una platería cerca del centro de Santander. Como era un local de alquiler antes había sido una tienda de ropa, una perfumería… y no sé cuántas cosas más. Y todos los días entraba alguna ancianita despistada del vecindario que nos pedía las cosas más extrañas: regaderas, tinte del pelo, fotocopias… imaginaos: teníamos dos escaparates de más de dos metros de largo llenos de cosas de plata y cada día venía alguien pidiendo algo que no tenía nada que ver con nuestro negocio. Y un día hice un lapicero gigante con un palo de escoba para adornar el escaparate y una viejecilla quiso comprarlo para su nieto porque, dijo, seguro que con ese lápiz iba a poder dibujar mucho…
¿Me considero un buen jefe? Pues eso deberían decirlo los compañeros a los que he tenido que coordinar en algún momento. A juzgar por los resultados no he debido de hacerlo muy mal, ya que siempre he logrado sacar adelante los proyectos manteniendo una calidad alta y sin descuidar a aquellos que los hacían posibles. Y es que antes que jefa siempre me he considerado compañera y he intentado fomentar la comunicación, la creatividad y el entusiasmo en mi departamento, organizando bien las tareas para optimizar tiempos y esfuerzos y que así nadie tuviera que trabajar de más.
¿Una filosofía de trabajo? No dejar para mañana lo que se pueda hacer hoy, disfrutar con el proceso, cuidar de los compañeros e implicarse en el proyecto. Pero cuando se sale de la oficina, no se piensa más en el trabajo.

